jueves, 5 de marzo de 2009

Conociendo a Carlos Trillo y Juan Sasturain






Por Iván Castilejo


Pasé a recoger a Gabriel Zárate antes de dirigimos al aeropuerto, esa noche llegaban de la Argentina Carlos Trillo y Juan Sasturain, invitados como expositores a la Feria del Libro de Lima.
Ya en el aeropuerto nos dirigimos a ese espacio de expectación y ansiedad que es la sala de arribos internacionales, allí nos encontramos con Carlos Crisóstomo, Benjamín Corzo y José Antonio Vilca, juntos esperamos por 20 minutos hasta que aparecieron por la puerta de vidrio, campantes, entretenidos en una conversación de amigos, Juan Sasturaín y Carlos Trillo. Alzamos la mano haciéndoles una señal para que se acercaran; nos saludaron muy calurosamente, Juan nos abrazaba como a sus hijos, era sin duda un tipo muy carismático, Carlos Trillo, un poco mas serio, también se acercó a saludarnos amablemente, eran indiscutiblemente dos tipos fuera de serie, con un calor y una modestia muy diferente al perfil del argentino típico que percibimos en el inconsciente colectivo.
Gabo y yo tuvimos la suerte de llevarlos en mi auto hasta el hotel; pues a partir de ese momento en adelante nos convertimos en sus guías durante su estadía, en el trayecto, Juan Sasturain y Carlos Trillo conversaban sobre acontecimientos recientes y cotidianos que podían convertirse en parte de un argumento o de un guión de historietas, era como presenciar a dos artesanos mientras fabrican con sus manos una obra de arte. Al llegar al hotel ya teníamos una idea clara de las personalidades de ambos: Juan, de personalidad suelta, locuaz y muy comunicativo era como un padre para Carlos, como un tío que le da consejos, que ha vivido más y que por la envergadura de su experiencia, le aporta ideas que Carlos recoge diligentemente, que analiza y atesora como un auténtico fabricante de relatos visuales, universos y situaciones propicias para plasmarlas en una nueva historieta, Trillo es un tipo muy reflexivo, algo tímido, para ser una personalidad reconocida y seguramente abordada con frecuencia por los medios; que a cada paso que da encuentra material en sus vivencias para incorporarlas a un argumento en construcción, es en buena cuenta un maestro de la historieta.
Gabo posee un vasto conocimiento de la extensa obra de Carlos Trillo, entre las que he leído están Alvar Mayor, El Loco Chávez, Un Tal Daneri, Las Puertitas del Señor López, Charlie Moon, etc. La obra completa de Carlos Trillo puedes verla en el artículo publicado por Gabriel Zárate en este blog el 23 de julio del 2008.
Juan Sasturaín desarrolló el Argumento de su obra maestra “Perramus”, dibujada por el gran maestro de la historieta argentina Alberto Breccia, Y actualmente es editor de la revista Fierro, cuyo nombre compró luego de muchos años desde que esta revista desapareció de circulación, para revivirla y preservar su continuidad.
Durante su estadía en Lima, Juan Sasturain y Carlos Trillo compartieron sus conocimientos y vivencias con aficionados, fanáticos y amigos, como Juan Acevedo con quien han cultivado una amistad de larga data; es precisamente en una conferencia sobre la Historieta y la Educación que comparten Juan Acevedo y Juan Sasturain en la Feria de Libro donde Sasturaín menciona algo que se me dejó pensando:
Sasturain: “…es que todos los contenidos, las técnicas, las innovaciones, aplicadas al sistema educativo a las prácticas dentro del aula, se encuentran con una estructura profundamente anquilosada, que tiene que ver con la mal formación de nuestros docentes… …uno de los problemas es la capacidad que tiene nuestro sistema educativo para embalsamar todo, todo lo que llega vivo lo convierte en una especie de simulacro duro, empedernido, formalizado, que pierde absolutamente toda su frescura, no se si soy oscuro con esto, pero creo que me entienden; entonces una propuesta tan rica, como es por ejemplo que enseñemos a los chicos la historieta como una manera de expresión, rápidamente (porque yo he asistido a esto), se convierte en un problema más, en algo más que los chicos tienen que estudiar, aprender de memoria los nombres de las actividades, los tipos de historietas que se pueden hacer, luego empiezan las consignas, dar las consignas y nombres estructurados, es decir cualquier cosa fresca, expresiva, natural, rápidamente lo agarran las maestras y lo convierten en algo insoportable… y hay una convicción cultural con un condicionamiento muy poderoso en la institución educativa que tiende a embalsamar, a convertir todo aquello que entra fresco en un frasco de formol, por lo tanto lo que ya naturalmente sucede con los jóvenes, es que rechazan por prejuicio y por principio, los contenidos que pasan a través del sistema educativo, incluso aquellos contenidos que pretenderían romper con esta estructura…”
Sasturain y Trillo conversaron, opinaron y disertaron largamente sobre temas relativos a la historieta, Carlos Trillo incluso dio una clase magistral de cómo se construye un guión para historieta, y nos envió días después el guión de Sick Bird que está publicado en un artículo de este blog del primero de setiembre del 2008.
Durante su estadía Carlos habló de su trabajo, es por eso que quiero destacar un pasaje de los conversatorios donde Carlos Crisóstomo pregunta lo siguiente: “… en argentina, en el año 74 ediciones Record lanza la revista Skorpio aquí tenemos el número uno de Skorpio, y luego esta revisa se mantuvo 22 años en el mercado, aquí tengo el último número que es el 235, entre ambas revistas hay 22 años de tiempo transcurrido, esta revista causó mucho impacto en los lectores, yo fui uno de ellos y retomé la colección de historietas por ejemplo, mi pregunta va… ¿qué significó Skorpio en Argentina, que pasaba en esas épocas, y si este proyecto se puede repetir?
A lo que Carlos Trillo respondió: “Yo trabajé en Skorpio, bastante, una época, estaba bien en su momento, porque lo que existía eran las revistas de editorial Columba que tenían como un sesgo ideológico y una posición ante el mundo, en la editorial había una foto del Papa enorme, en la recepción, que hablaba de una cosa ideológica, las historias podían ser negras, podían morir los japoneses, los japoneses tenían que ser los malos y los yanquis los buenos, todas esas cosas, que para los lectores que habíamos leído Hora Cero, Frontera, El Eternauta, El Sargento Kirk, atrasaban 30 años, nosotros abandonamos la historieta después de la desaparición de estas revistas, yo nunca leí historietas de editorial Columba porque no me gustaban, porque tenían mucho texto, porque tenían indicaciones para los autores muy rigurosas, había un manual de guiones que decía: una historieta tiene que durar lo que dura un viaje en tren entre la estación central hasta un pueblo que estaba a 40 kilómetros: Retiro El Moreno. Es como tomar el tren, sentarse y estar casi una hora dándole hasta llegar a casa, tenía que durar una hora, para lo cual había que ponerle mucho texto, lo que se hacía finalmente era redundar todo el tiempo, por ejemplo en un cuadrito, una persona lloraba y teníamos que agregarle un texto que decía “sentía en su interior que se quebraron las fibras íntimas e irrepetibles que en ese momento creyó que lo llevarían a la destrucción total”, entonces así el lector tomaba más tiempo en pasar al cuadrito siguiente, esa mecánica que también es ideológica, en definitiva, es espantosa; allí sale Skorpio, proponiendo desde el primer número esa historieta memorable de Hugo Pratt, que nosotros lo consideramos pretensiosamente dibujante argentino, pero que era italiano y que hizo su gran carrera en Italia, esta historieta que se llamaba “El Corto Maltés” que estaba contada de otra manera, era como una idea de los viejos tiempos, Hugo Pratt fue discípulo de Oesterheld, el Corto Maltés tiene historias que cuentan vidas, la idea está tomada de esas historias del Sargento Kirk… …al aparecer esta revista, El Corto Maltés la marcó, era la revista del Corto Maltés y de alguna manera hizo que nadie la contara como se contaba en Columba, fue como una revista que habíamos conocido y que había desaparecido…”
Estas palabras, me traen al pensamiento ese sentimiento típico y nostálgico del coleccionista, el recuperar algo que habíamos conocido, querido y que luego había desaparecido.
Conocer a Carlos Trillo y Juan Sasturain, escuchar sus palabras, y conocer sus respuestas; fue como revivir la historieta, como recuperarla y amarla de nuevo, ver como dos tipos se pasean por la vida; como poco a poco la van moliendo y rehaciendo, como evitando el tiempo.

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